Con una previsión de cosecha comunitaria de 9,5 millones de toneladas en 2026 y un aumento de superficie en los principales países productores, el sector agroalimentario español afronta el reto estratégico de elevar su superficie de siembra para abastecer un mercado líder en consumo y reducir la dependencia exterior.
La Comisión Europea ha confirmado una perspectiva favorable para el mercado de oleaginosas, proyectando una cosecha de semillas de girasol que superará los 9,5 millones de toneladas en la Unión Europea durante la campaña 2026. Este volumen representa un incremento superior al 9% respecto al ejercicio anterior y constituye el rendimiento consolidado más elevado desde 2023. Esta tendencia positiva responde tanto a la expansión continuada de la superficie sembrada, que alcanza los 4,9 millones de hectáreas (+5%), como a la recuperación de los rendimientos medios continentales, situados en 19,5 quintales por hectárea frente a los 18,7 q/ha de 2025.
A escala europea, la dinámica productiva muestra un comportamiento desigual según los condicionantes climáticos de cada cuenca. Mientras Rumanía lidera el volumen total con una previsión de 2,2 millones de toneladas y Bulgaria se consolida en segunda posición rozando los 2,1 millones, países como Alemania registran máximos históricos de superficie con 98.000 hectáreas sembradas. Como señala la Union zur Förderung von Oel- und Proteinpflanzen (UFOP), la expansión del girasol responde a la necesidad imperiosa de los agricultores de diversificar la alternativa de cultivos de primavera-verano, aportando estabilidad agronómica y económica a las explotaciones. Por su parte, la experiencia en Francia —donde el aumento de superficie del 11% compensa el impacto de la sequía estival— evidencia la urgencia de aplicar un manejo técnico riguroso adaptado al cambio climático.

En el contexto español, estos datos representan una ventana de oportunidad estratégica. España cuenta con una industria extractora y refinadora de primer orden y ostenta una posición destacada en el consumo de aceite de girasol, el cual lidera las preferencias del consumidor y de la industria alimentaria por su versatilidad, calidad y perfil nutricional. Sin embargo, la brecha entre la producción nacional de semilla y la demanda de la industria extractora continúa siendo amplia, lo que obliga a recurrir a importaciones de terceros países.
Aumentar la superficie sembrada en España no solo es una decisión técnicamente sólida para mejorar la salud de los suelos y optimizar el uso de los recursos hídricos, sino una estrategia económica rentable respaldada por compradores industriales que demandan materia prima local, trazable y de alta calidad.
Desde el sector se hace un llamamiento a agricultores, técnicos agrícolas y gestores de explotaciones a apostar de forma decidida por la siembra de girasol en la próxima campaña. La combinación de semillas de alta genética, una fertilización ajustada a las necesidades reales del cultivo y el asesoramiento agronómico especializado son las herramientas definitivas para maximizar el rendimiento por hectárea.
Es el momento de consolidar la profesionalización del girasol en nuestro país, aprovechar el liderazgo indiscutible de su aceite en la cesta de la compra española y avanzar de manera conjunta hacia una mayor soberanía alimentaria y una agricultura más rentable y sostenible.







