El sector de los aceites vegetales lidera el repunte con una subida del 5,9%, alcanzando máximos de 2022 debido a la creciente demanda de biocombustibles y la incertidumbre logística en el Cercano Oriente, que en el caso del girasol se ve arrastrados por la renovada tensión en el Mar Negro y la ajustada oferta de girasol.

La geopolítica y la energía tienen un impacto directo en lo que termina costando la cesta de la compra a nivel global.

Cuando el petróleo sube, no solo se encarece el transporte; también aumenta el atractivo de los biocombustibles, lo que hace que cultivos como la soja o la palma se desvíen del sector alimentario hacia el energético, reduciendo la oferta para consumo humano.

El aceite de girasol se ha visto afectado por una oferta persistente y ajustada en la región del Mar Negro (principal zona productora), donde los riesgos logísticos y el conflicto continúan limitando el flujo normal de exportaciones.

Al subir el precio del aceite de palma por la demanda de biocombustibles, muchos compradores industriales giran hacia el girasol, aumentando su demanda internacional y, por ende, su precio.

El aumento en los precios de la energía y los fertilizantes ha impactado directamente en la rentabilidad de las plantaciones siendo el cultivo del  girasol menos afectado debido a sus menos exigencias , trasladándose ese coste al precio final de mercado.

Mientras que el aceite de palma sube por factores energéticos, el aceite de girasol lo hace por una combinación de escasez estacional y la incertidumbre geopolítica en los puertos de salida, lo que lo convierte en uno de los componentes más volátiles del índice este mes de mayo.

Los girasoles se están beneficiando de una demanda renovada, el agotamiento de las existencias de la cosecha anterior y la recuperación de la demanda para la próxima cosecha están provocando que los precios del girasol sigan subiendo.